El Códice 60 y las primeras frases escritas en euskera

San Millán de la Cogolla, el Códice 60 y las primeras frases escritas en euskera, artículo Samuel Vernal

Samuel Vernal

Samuel Vernal es escritor de novela negra y autor de Los Crímenes del Agua, la serie protagonizada por el subinspector Gorka Larssen. Sus historias exploran el crimen, los secretos familiares y la memoria en escenarios donde el paisaje nunca es un simple decorado.

29/06/2017

Un manuscrito medieval puede sobrevivir durante siglos sin que nadie imagine que unas pequeñas anotaciones realizadas en sus márgenes terminarán siendo casi tan conocidas como el texto principal. Eso es precisamente lo que ocurrió con el Códice Emilianense 60, procedente de San Millán de la Cogolla.

El códice contiene textos en latín sobre los que distintos escribas realizaron anotaciones marginales e interlineales. Son las conocidas Glosas Emilianenses. Su función era ayudar a comprender pasajes difíciles y constituyen un testimonio excepcional de cómo las lenguas habladas comenzaban a abrirse paso dentro de una cultura escrita dominada por el latín. La Real Academia de la Historia conserva actualmente el manuscrito y define esas glosas como algunas de las primeras palabras escritas que conocemos tanto en romance como en vasco.

Entre las anotaciones aparecen dos breves glosas en euskera. Durante mucho tiempo se han presentado como «el primer texto escrito en vasco», aunque la formulación necesita matices. Existen testimonios epigráficos anteriores y las investigaciones sobre los primeros documentos de la lengua continúan avanzando. Lo que sí puede afirmarse es que las glosas del Códice 60 constituyen uno de los testimonios escritos más antiguos y relevantes del euskera y un hito fundamental para conocer su historia.

Ese matiz me parece importante también desde el punto de vista de la ficción. La realidad documental suele ser más interesante cuando se respetan sus dudas. Un manuscrito no necesita convertirse en «el primero de la historia» para resultar extraordinario. Basta pensar en alguien inclinado sobre el pergamino hace aproximadamente mil años, escribiendo unas palabras en una lengua que probablemente utilizaba a diario y que rara vez encontraba espacio en los libros.

Cuando escribí El rencor de la montaña insomne, el Códice 60 se convirtió en una pieza de la trama. La novela imagina una copia desconocida del manuscrito y nuevas anotaciones capaces de esconder un secreto. Esa copia no existe, evidentemente. El códice real sí.

Ahí está una de las partes que más me interesan del trabajo de documentación. Encontrar un objeto histórico, conocer lo que sabemos realmente sobre él y localizar después el espacio en el que termina la documentación.

La ficción empieza justo después.

No necesita falsificar la historia. Solo formular una pregunta que el documento real nunca podrá responder.

Tres investigaciones. Tres escenarios marcados por el agua. Gorka Larssen, un subinspector perseguido por los secretos de su pasado.

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