El bosque es uno de los escenarios más antiguos del miedo humano, pero también uno de los lugares en los que durante siglos se buscó protección, alimento y conocimiento. No resulta extraño que la tradición vasca situara allí a uno de sus personajes más conocidos: Basajaun, literalmente el señor salvaje o señor del bosque.
Las leyendas no ofrecen una única descripción. Los estudios del material folklórico distinguen al menos tres grandes perfiles que terminaron reuniéndose bajo el mismo nombre. Está el Basajaun salvaje, cubierto de pelo, fuerte y capaz de desenvolverse por el bosque mejor que cualquier ser humano; el Basajaun protector de los pastores y sus rebaños; y el Basajaun poseedor de conocimientos que los humanos terminan obteniendo mediante engaños o argucias.
La segunda faceta resulta especialmente interesante. Algunas narraciones lo presentan como un protector del ganado que advierte cuando se aproxima una tormenta o mantiene alejados a los lobos. A cambio, los pastores le dejan comida. No se trata tanto de una relación de sometimiento como de reciprocidad: protección a cambio de una parte de aquello que poseen los humanos.
En otros relatos, Basajaun posee saberes que la humanidad todavía desconoce. La tradición de San Martin Txiki lo convierte en depositario de conocimientos agrícolas o técnicos que terminan pasando al mundo humano. De nuevo, el personaje vive en una frontera: pertenece a lo salvaje, pero conoce cosas necesarias para que avance la civilización.
Junto a él aparece Basandere, la señora salvaje o mujer del bosque. Como ocurre con tantos personajes de la tradición oral, las fronteras entre Basandere, lamias y otros seres femeninos no siempre son claras. La propia variabilidad de esas historias desaconseja intentar reconstruir una mitología perfectamente ordenada.
Mi antiguo artículo, La guardiana del bosque, utilizaba este universo como punto de partida para un relato de ficción. Hoy prefiero detenerme en algo que me parece más interesante: qué revela Basajaun de quienes contaron esas historias.
Para un pastor, el bosque podía contener lobos, tormentas y caminos en los que perderse. Pero también madera, alimento y refugio. Convertirlo en el territorio de una criatura ambivalente era quizá una manera perfecta de expresar esa contradicción.
El bosque protege y amenaza. Ofrece lo que necesitamos y puede arrebatárnoslo. Basajaun tampoco es completamente una cosa ni la otra.
Y por eso sigue funcionando tan bien como personaje siglos después.







