Mari: la dama de las montañas en la mitología vasca

Mari: la dama de las montañas en la mitología vasca

Samuel Vernal

Samuel Vernal es escritor de novela negra y autor de Los Crímenes del Agua, la serie protagonizada por el subinspector Gorka Larssen. Sus historias exploran el crimen, los secretos familiares y la memoria en escenarios donde el paisaje nunca es un simple decorado.

23/03/2020

Hay pocas figuras de la mitología vasca tan conocidas como Mari y, al mismo tiempo, tan difíciles de encerrar en una definición sencilla. Se la relaciona con determinadas montañas y cuevas, con la tierra y los fenómenos atmosféricos, y aparece bajo nombres diferentes dependiendo del lugar en el que se haya conservado la tradición. La Dama de Anboto es probablemente su denominación más popular, aunque también encontramos relatos asociados a Aralar, Txindoki, Murumendi y otros puntos de la geografía vasca.

Esa variedad resulta importante. Cuando hablamos de mitología vasca no estamos ante un sistema religioso conservado en textos antiguos que permita establecer con precisión una genealogía de dioses, sus funciones y la relación entre unos y otros. Buena parte de lo que conocemos procede de relatos orales recogidos mucho más tarde, entre ellos los recopilados por investigadores como José Miguel de Barandiarán. Las versiones cambian de un valle a otro y, en ocasiones, incluso se contradicen.

Por eso resulta arriesgado reducir a Mari a la fórmula, tan repetida, de «diosa suprema del panteón vasco». Puede servir como aproximación divulgativa, pero transmite una organización de las creencias tradicionales mucho más cerrada de la que realmente conocemos. Aun así, es evidente que Mari ocupa un lugar destacado en las leyendas de la mitología vasca.

Mari habita en el interior de la tierra, en cuevas y montañas, y se desplaza de unas moradas a otras. En algunas historias adopta apariencia de mujer; en otras se manifiesta mediante fuego, animales o formas difíciles de precisar. Su presencia se ha relacionado también con tormentas, sequías y otros fenómenos naturales.

Hay además una dimensión moral. Distintas tradiciones le atribuyen castigos contra la mentira, el robo, la arrogancia o el incumplimiento de la palabra dada. Sería exagerado convertir esos elementos en una especie de código religioso común a todas las versiones, pero muestran que Mari no era únicamente una explicación de determinados fenómenos naturales. En torno a ella se proyectaron también normas y temores de las comunidades que conservaron sus historias.

Mari y Amalur

Una de las cuestiones que aparecen con frecuencia al hablar de Mari es su relación con Amalur o Ama Lur, la Madre Tierra.

Ambas llegan a identificarse en algunas interpretaciones modernas, mientras que otras reservan el nombre de Amalur para una concepción más amplia de la tierra como origen y sustento de la vida y consideran a Mari una figura mucho más definida dentro de las leyendas. No existe una separación indiscutible que permita resolver la cuestión de una vez por todas.

Por eso prefiero tratarlas por separado. Amalur permite hablar de la importancia que adquiere la tierra dentro del imaginario tradicional; Mari, en cambio, dispone de nombres locales, moradas y relatos que la convierten en un personaje reconocible.

También conviene tener presente que muchas de las historias que conocemos han atravesado siglos de convivencia con el cristianismo. Las tradiciones no han permanecido congeladas. Las originales se mezclaron con creencias posteriores, modificaron nombres y explicaciones y fueron adaptándose a quienes las contaban. Pretender reconstruir a partir de ellas una religión precristiana completa obliga a hacer afirmaciones que las fuentes no siempre permiten sostener.

Eso no resta interés a Mari. Precisamente ocurre lo contrario. Sus leyendas muestran la estrecha relación que existió entre el paisaje y las historias que se contaban sobre él. Una montaña no era únicamente una elevación del terreno si generaciones enteras habían situado en alguna de sus cuevas a una presencia capaz de abandonar el lugar, provocar una tormenta o castigar a quien incumplía su palabra.

Esa forma de mirar el territorio ha sobrevivido incluso después de desaparecer las creencias que pudieron originarla. Anboto sigue siendo Anboto, pero conocer las historias sobre Mari cambia inevitablemente lo que uno espera encontrar cuando dirige la mirada hacia la montaña.

Tres investigaciones. Tres escenarios marcados por el agua. Gorka Larssen, un subinspector perseguido por los secretos de su pasado.

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