Los galtxagorriak pertenecen a una parte de la mitología vasca bastante alejada de las grandes montañas, cuevas y criaturas asociadas a parajes remotos. Sus historias se desarrollan mucho más cerca de la vida cotidiana y, en algunas versiones, directamente dentro de la casa. La etxea, en euskera, era en el pasado el núcleo en torno al cual se configuraban tanto la institución familiar como económica, y tenía una gran relevancia en la construcción de las sociedades rurales. De ahí la relevancia de estos pequeños seres.
Se los describe como pequeños genios de apariencia humana caracterizados por sus pantalones o calzas rojas, de donde procede su nombre. Aparecen también relacionados con denominaciones como familiarrak o mamarruak, aunque las características atribuidas a todos estos seres cambian dependiendo de las localidades y de las fuentes.
Una de las tradiciones más conocidas afirma que podían guardarse varios dentro de un alfiletero. Cuando su propietario los liberaba, los pequeños seres estaban dispuestos a realizar inmediatamente cualquier trabajo que se les encargara. Su capacidad parecía no tener límite siempre que continuaran recibiendo nuevas órdenes.
La imagen resulta bastante distinta de la que solemos asociar hoy a un duende de cuento infantil. El galtxagorri no está ahí únicamente para hacer travesuras ni para acompañar al protagonista de una historia. Representa sobre todo una fuerza extraordinaria puesta al servicio de quien consigue controlarla.
Hay que situar ese elemento dentro del mundo en el que se transmitieron las leyendas. Mantener un caserío, atender a los animales, cultivar la tierra o realizar determinados oficios requería una cantidad enorme de trabajo físico. La fantasía de disponer de unos ayudantes capaces de completar cualquier tarea debió de resultar especialmente atractiva.
Pero en el folklore los regalos extraordinarios rara vez son completamente gratuitos.
Algunas historias plantean precisamente el problema contrario: los genios necesitan permanecer ocupados y el propietario debe encontrar continuamente nuevas tareas para ellos. Lo que parecía una ventaja puede terminar convirtiéndose en una obligación. Ese motivo aparece de distintas maneras en tradiciones europeas sobre espíritus domésticos y criaturas auxiliares.
No significa que exista una única versión canónica de los galtxagorriak. La transmisión oral ha producido numerosas variantes y el término ha acabado relacionado con seres que no siempre comparten exactamente las mismas características.
La tradición documentada ya es suficientemente curiosa por sí sola: pequeños seres vestidos de rojo, ocultos en un objeto cotidiano y capaces de completar aquello que sus propietarios no consiguen hacer.







