Jentilak: los gigantes que habitaban un mundo anterior

Los jentilak: gigantes de la mitología vasca

Samuel Vernal

Samuel Vernal es escritor de novela negra y autor de Los Crímenes del Agua, la serie protagonizada por el subinspector Gorka Larssen. Sus historias exploran el crimen, los secretos familiares y la memoria en escenarios donde el paisaje nunca es un simple decorado.

23/02/2020

En muchos lugares del País Vasco existen dólmenes, grandes bloques de piedra y accidentes del terreno que durante siglos fueron explicados mediante historias sobre seres de una fuerza extraordinaria. Entre ellos se encuentran los jentilak, los gentiles de la mitología vasca.

Las narraciones los describen habitualmente como individuos de enorme tamaño y gran fortaleza que vivían en las montañas y eran capaces de desplazar piedras imposibles de mover para una persona corriente. De ahí que distintos monumentos megalíticos acabaran siendo atribuidos popularmente a ellos.

No significa, por supuesto, que quienes levantaron realmente los dólmenes fueran los personajes que describen las leyendas. Nos encontramos ante una explicación popular de construcciones cuyo verdadero origen se había olvidado mucho antes de que la arqueología pudiera estudiarlas.

Algo parecido ha sucedido en numerosos lugares de Europa. Allí donde quedaba una piedra de dimensiones extraordinarias resultaba fácil imaginar que solo un gigante podía haberla colocado.

En el caso de los jentilak hay además un elemento que los hace particularmente interesantes: muchas historias los sitúan en un mundo anterior al nuestro.

El final de los jentilak

Una de las leyendas más conocidas cuenta que un grupo de gentiles observó una extraña nube o señal en el cielo. Incapaces de interpretarla, recurrieron a un anciano de su comunidad. Al verla, este comprendió que anunciaba el final de los suyos.

En las versiones cristianizadas aparece Kixmi, nombre con el que se identifica a Cristo, y la desaparición de los jentilak se interpreta como el final de las antiguas creencias ante la llegada del cristianismo.

La historia ha circulado en variantes diferentes y no hay motivo para pensar que todos los elementos que hoy conocemos pertenecieran a una misma versión original. Precisamente esa transformación permite observar cómo las leyendas se adaptan a contextos nuevos. Un relato que probablemente hablaba ya del final de un mundo pudo reinterpretarse posteriormente como el triunfo de una nueva religión.

En muchos lugares del País Vasco existen dólmenes, grandes bloques de piedra y accidentes del terreno que durante siglos fueron explicados mediante historias sobre seres de una fuerza extraordinaria. Entre ellos se encuentran los jentilak, los gentiles de la mitología vasca.

Las narraciones los describen habitualmente como individuos de enorme tamaño y gran fortaleza que vivían en las montañas y eran capaces de desplazar piedras imposibles de mover para una persona corriente. De ahí que distintos monumentos megalíticos acabaran siendo atribuidos popularmente a ellos.

No significa, por supuesto, que quienes levantaron realmente los dólmenes fueran los personajes que describen las leyendas. Nos encontramos ante una explicación popular de construcciones cuyo verdadero origen se había olvidado mucho antes de que la arqueología pudiera estudiarlas.

Algo parecido ha sucedido en numerosos lugares de Europa. Allí donde quedaba una piedra de dimensiones extraordinarias resultaba fácil imaginar que solo un gigante podía haberla colocado.

En el caso de los jentilak hay además un elemento que los hace particularmente interesantes: muchas historias los sitúan en un mundo anterior al nuestro.

El final de los jentilak

Una de las leyendas más conocidas cuenta que un grupo de gentiles observó una extraña nube o señal en el cielo. Incapaces de interpretarla, recurrieron a un anciano de su comunidad. Al verla, este comprendió que anunciaba el final de los suyos.

En las versiones cristianizadas aparece Kixmi, nombre con el que se identifica a Cristo, y la desaparición de los jentilak se interpreta como el final de las antiguas creencias ante la llegada del cristianismo.

La historia ha circulado en variantes diferentes y no hay motivo para pensar que todos los elementos que hoy conocemos pertenecieran a una misma versión original. Precisamente esa transformación permite observar cómo las leyendas se adaptan a contextos nuevos. Un relato que probablemente hablaba ya del final de un mundo pudo reinterpretarse posteriormente como el triunfo de una nueva religión.

Utilicé esa leyenda de una manera muy distinta en Soñado por brujas y La hermandad de la Diosa. Las novelas partían de la pregunta de qué podía ocultarse detrás del relato y convertía la desaparición de los gentiles en uno de sus misterios. Esa era, naturalmente, la propuesta de ficción de las novelas, no una explicación histórica del mito.

Conviene separar ambas cosas.

Lo que pertenece a la tradición es mucho más sencillo: unos seres de enorme fuerza vinculados al paisaje, un tiempo remoto y la historia de una señal que anuncia que su mundo está a punto de terminar.

Las construcciones que se les atribuyeron permanecieron después de ellos. Quizá por eso la leyenda funcionó durante tanto tiempo. Los jentilak podían haber desaparecido, pero los dólmenes seguían allí y alguien tenía que explicar quién había colocado aquellas piedras.

Tres investigaciones. Tres escenarios marcados por el agua. Gorka Larssen, un subinspector perseguido por los secretos de su pasado.

El verdugo del agua

AVANCE

Portada y sinopsis, muy pronto

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