Inguma es uno de los genios que conforman el extenso panteón de la mitología vasca. Lo podemos encuadrar dentro de los seres que habitan la noche, porque será en esas horas en las que es más probable que aparezca. Sin embargo, Inguma puede mostrarse en cualquier momento en el que las personas duermen. Su naturaleza es malvada, ya que su único propósito es ahogar a sus víctimas mientras estas duermen.
El origen antropológico de este genio podría encontrarse en el fenómeno denominado «parálisis del sueño», una incapacidad transitoria para moverse que suelen padecer ciertas personas durante el momento del sueño, al despertarse repentinamente. Curiosamente, la parálisis del sueño suele producirse si la persona está tumbada boca arriba, lo cual coincide con el patrón que sigue Inguma, que se sienta sobre el pecho de sus víctimas y aprieta con sus manos la garganta de estas.
En este relato, la pequeña Maddi tendrá un encuentro con este ser infernal:
«Cuentan que en Arauri, un pequeño pueblo del valle de Ayala que ya no existe, ocurrió hace mucho tiempo que una niña se encontró cara a cara con Inguma, el demonio del sueño. La pequeña se llamaba Maddi, y vivía con su madre en una cuadra para animales. Ambas habían llegado a la aldea huyendo de la ciudad, pues entonces no era bien visto que una joven sin marido hubiera quedado encinta. La esposa del molinero, que tenía un corazón rebosante de generosidad, se las encontró un día pidiendo limosna en la calle y cuando Maddi le contó su historia, no lo dudó y les dio cobijo y comida, a cambio de que la echaran una mano con las labores del caserío.
—¿Cómo osas comprometer el honor de esta familia acogiendo en nuestra casa a esa muerta de hambre y a su bastarda? —le espetó el molinero cuando se enteró.
—Los hombres solo pensáis en dos cosas. La honra y las faldas. Curiosos principios los vuestros, cuando la mitad de las veces perdéis el honor entre enaguas que no os corresponden. La mujer y la niña se quedan. Yo mando en la casa. No hay más que hablar.
Maddi trataba de agradar a la esposa del molinero esforzándose en hacer bien los trabajos que le encomendaba, y, poco a poco, la fue queriendo como si se tratara de su abuela.
— Ama, me quiero bautizar —le dijo un día Maddi a su madre—. Y quiero que la señora sea mi madrina.
—Tú estás loca. Ningún cura va a querer bautizarte. Tendrías que hacer algo milagroso para que te aceptaran, cariño. Además, nosotras no creemos en esas cosas. A nosotras nos basta con que Amari te haya bendecido al nacer.
Maddi intentó explicarle que lo hacía para agradar a la mujer del molinero, pues la quería como si fuese su propia familia pero no hubo manera de convencer a su madre.
Esa noche, Maddi, que no podía dormir, se acercó hasta la habitación de la señora, que dormía en una habitación separada de la de su marido. Quería contarle que su madre no había aceptado la idea del bautizo. Al entrar en el cuarto, se encontró a la señora dormida tumbada boca arriba en su cama y a un ser oscuro y feo como la noche, que sentado sobre su pecho, trataba de ahogarla tapándole la boca y la nariz con sus manos. Era Inguma, el demonio del sueño. Normalmente cualquier persona hubiera huido aterrorizada al verlo, pero ella no tenía miedo. Su madre le había hablado mil veces de todos los genios de la noche.
—Alde hemendik, Inguma! —le gritó al demonio tratando de ahuyentarlo, pero él continuó ahogando a la señora mientras sonreía.
Maddi no se lo pensó dos veces y se abalanzó sobre él derribándolo.
—¡Fuera de aquí, Inguma! ¡Que la ira de Amari te arrebate la noche!
En ese momento el genio gritó y se esfumó delante de sus ojos. La señora, que al fin había despertado con el escándalo, vio lo que la pequeña acababa de hacer.
Al día siguiente fue donde el cura.
—Esa bastarda no puede bautizarse —le dijo él.
—No es una bastarda, cabeza de chorlito. Es una santa. Me ha salvado la vida mientras dormía.
—¿Mientras dormías?
—Sí. El diablo ha querido venir a llevárseme con él pero Maddi lo ha visto y con sus rezos a la Virgen María ha conseguido ahuyentarlo.
Dicho y hecho, Maddi pudo ser bautizada y la esposa del molinero hizo las veces de madrina. A partir de aquel día, Maddi y su madre durmieron con la señora en el caserío y todo el mundo en el pueblo las respetó y aceptó.
Pasaron los años y cuando la señora ya era muy mayor y yacía en el lecho de muerte, Maddi, que ya era toda una mujer, le preguntó por qué había mentido aquel día al cura.
— Ay, hija. Sé muy bien que fue Inguma quien trató de ahogarme, pero la gente del pueblo no hubiera aceptado la versión real de lo que sucedió. Por mucho que todos tengan colgadas en las puertas de sus casas la eguzkilore para ahuyentar a los malos espíritus. Aquí el que manda ahora es el cura, y lo que él dice va a misa.
— Pero entonces, madrina, ¿no tienes miedo de ir al infierno por haber engañado a un sacerdote?
— He sido la mujer más feliz del mundo. Y he ganado una hija a la que he querido con toda el alma. No hay infierno que sea capaz de borrar todos los buenos momentos que he pasado contigo todos estos años, Maddie. Eso es lo que importa, querer a los tuyos en vida. Lo que venga después, nadie lo sabe.
Esa noche, la mujer del molinero murió pero Maddi la siguió manteniendo viva en su corazón el resto de sus días. Nunca olvidó sus palabras y quiso a los suyos cada día como si fuera el último.»
?Descubre ya el inquietante SECRETO que esconde la mitología vasca con «LA HERMANDAD DE LA DIOSA»
Excelentes relatos. Gracias! Muy interesante fenomenología de lo oculto!
Muchas gracias, Carlos. Me alegro de que los hayas disfrutado ?