Entre las criaturas de la tradición vasca, Inguma resulta especialmente inquietante porque las historias relacionadas con él parten de una experiencia que todavía hoy puede producirse: despertar durante la noche con la sensación de no poder moverse o respirar con normalidad.
Inguma aparece descrito como un genio maligno que se acerca a las personas mientras duermen y les oprime el pecho o la garganta. En algunos lugares se conservaron incluso fórmulas que debían recitarse antes de acostarse para impedir que pudiera entrar en la habitación o causar daño durante el sueño.
La falta de una apariencia perfectamente definida contribuye a su carácter inquietante. No hace falta verlo. Su presencia se reconoce a través de aquello que provoca.
Hoy esas descripciones recuerdan inevitablemente a determinados episodios de parálisis del sueño. Durante el sueño REM el organismo mantiene gran parte de la musculatura temporalmente inmovilizada. En ocasiones la conciencia puede recuperarse antes de que esa situación termine y la persona descubre que está despierta pero todavía no puede mover el cuerpo.
La experiencia dura normalmente poco tiempo, aunque puede resultar muy angustiosa. Algunas personas sienten además presión en el pecho o perciben sonidos, figuras y presencias que no se encuentran realmente en la habitación.
La semejanza con los relatos sobre Inguma resulta evidente, pero de ahí no puede concluirse automáticamente que la criatura surgiera como una explicación directa de la parálisis del sueño. No disponemos de información suficiente para reconstruir de ese modo el origen de la creencia.
Lo que sí sabemos es que experiencias nocturnas parecidas han producido explicaciones sobrenaturales en culturas muy diferentes. Mucho antes de que se conocieran las fases del sueño y los mecanismos fisiológicos implicados, despertarse sin poder moverse debía de exigir algún tipo de respuesta.
Inguma ofrecía una.
Protegerse antes de dormir
Las fórmulas tradicionales utilizadas contra Inguma muestran también cómo distintas capas de creencias terminaron conviviendo. En algunas aparecen referencias cristianas destinadas a proteger al durmiente frente a un personaje que no pertenece propiamente a la religión cristiana.
Es algo habitual en la tradición oral. La llegada de una nueva religión no implica necesariamente que desaparezcan de inmediato los personajes anteriores. Muchos sobreviven transformados, cambian de significado o se integran dentro de un nuevo marco.
Inguma no necesita demasiados añadidos para resultar perturbador. La experiencia sobre la que se construyeron sus historias sigue siendo perfectamente reconocible: despertarse de noche, ser consciente de lo que ocurre alrededor y descubrir durante unos instantes que el cuerpo no responde.
Hoy podemos darle otro nombre. La sensación, sin embargo, continúa siendo la misma.







